¿Por qué están funando a Ed Sheeran?
Están funando a Ed Sheeran en redes sociales después de que su gira The Loop quedara al borde del colapso en menos de 48 horas. La gira The Loop de Ed Sheeran, una de las más grandes del año, quedó al borde del colapso en menos de 48 horas. Lo que empezó como un discurso de Macklemore en Nueva Jersey terminó con el rapero fuera del cartel, con los teloneros y hasta la banda de apoyo del británico abandonando la gira, y con Sheeran en el centro de una de las cancelaciones más ruidosas de 2026.
De la amistad de 13 años al ultimátum de los estadios
Macklemore y Sheeran no eran un pairing improvisado. El rapero pidió unirse a la gira el año pasado y Sheeran aceptó, según el propio cantante, por respeto artístico. Ambos se conocen desde hace más de una década y Macklemore lo describe como un “hermano”.
El conflicto estalló en un fin de semana clave. El 4 y 5 de septiembre, en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, Macklemore aprovechó su set para decir “Free Palestine”, proyectar imágenes de Gaza y del West Bank ocupado, interpretar su tema de protesta Hind’s Hall y afirmar que no quería que la gente de Palestina pensara que el mundo la había olvidado. También dijo que criticar a Israel no equivalía a atacar a los judíos del público.
La reacción llegó de inmediato. El Israeli American Council impulsó una petición para sacarlo de la gira. La cuenta StopAntisemitism lo acusó de convertir un concierto familiar en “propaganda”. Pink compartió esa crítica y quedó envuelta en su propia polémica. Robert Kraft, dueño de los New England Patriots y del Gillette Stadium, confirmó que no permitiría a Macklemore en su recinto. Según el rapero, Kraft además coordinó a otros dueños de estadios: si Macklemore seguía, Sheeran no podría tocar en esos venues. Kraft habló de “retórica e imágenes antisemitas” y de “una línea que se había cruzado”.
El desenlace llegó pocos días después. El 14 de septiembre, Messina Touring Group, promotor de la pata estadounidense, confirmó la salida: varios recintos avisaron que cancelarían los conciertos si Macklemore permanecía, lo que pondría en riesgo fechas y a cientos de miles de fans.
Macklemore no se quedó callado ante su salida. No se presentó como víctima. Dijo que las víctimas eran los palestinos y que Sheeran, en su postura “apolítica” de siempre, no pudo superar el “no tomo partido”. Reconoció que el británico estaba en una posición “jodida”, pero sostuvo que no hay neutralidad entre opresor y oprimido.
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No solo Macklemore: se cayó el resto del cartel
La salida del rapero fue solo el principio. El 15 de septiembre, horas después del comunicado de Sheeran, se fueron los que quedaban. Aaron Rowe, cantautor irlandés que debía abrir las fechas restantes en Norteamérica, dijo que Ed le había cambiado la vida, pero que como irlandés “conocemos demasiado bien el genocidio, la hambruna forzada y la ocupación violenta”. No podía seguir “como si nada”.
Lukas Graham, la banda danesa prevista también para Estados Unidos, argumentó que el dinero no da derecho a “adueñarse de la conversación” y que se debe poder hablar de civiles y de niños muertos. Por su parte, Finneas, productor y hermano de Billie Eilish, canceló sus seis fechas de noviembre y diciembre en Sudamérica: “Los artistas no deben ser silenciados cuando hablan por los oprimidos. Estoy con Palestina y su pueblo”.
El golpe más simbólico vino de la propia banda de Sheeran. Beoga, el grupo folk irlandés que funcionaba como banda de apoyo de Sheeran, con temas coescritos e incluso un mini set a mitad del show, también se bajó. Dijeron que tocar en estadios de ese tamaño era un sueño, pero que “tocar en recintos que silencian a quien aboga por una Palestina libre simplemente no es una opción”. Aseguraron que siguen siendo amigos de Ed desde hace más de diez años. En consecuencia, Sheeran se quedó sin teloneros anunciados para el tramo estadounidense y sudamericano, y sin la banda con la que venía armando parte del show en vivo.
La defensa de Sheeran: “No soy cómplice”
Sheeran intentó frenar la ola de críticas con un mensaje extenso. Respondió el 15 de septiembre con un comunicado en seis diapositivas. El eje es claro: la decisión no fue suya. Dijo que el contrato de Macklemore era con el promotor, no con él; que los venues amenazaron con cancelar si el rapero seguía; que habló toda la semana con recintos, incluido Kraft, y con activistas de ambos lados para “construir un puente”; y que la decisión final de venues y promotor fue inamovible.
Sobre el trasfondo del conflicto, fue más allá. Escribió que le “horroriza” lo que ocurre entre Israel y Palestina, que el sufrimiento de ambos lados es una tragedia humana y que tiene opiniones personales, aunque no las vuelva públicas. Insistió en que su público incluye niños y que la gente no va a sus conciertos a un foro político, sino a un espacio de “unidad, alegría, escape y amor”. Hay, dijo, “más de un camino hacia la paz”.

Por qué lo están funando
La respuesta no calmó la tormenta. La respuesta no apagó el incendio: lo avivó. En X, TikTok e Instagram el comunicado se leyó como un texto largo para no decir nada. Cuentas masivas como PopBase lo viralizaron y los comentarios se concentraron en una idea: la neutralidad, a esta altura, se siente como complicidad.
Esta es la razón central por la que están funando a Ed Sheeran: la sensación de que su silencio calculado no es neutral, sino una forma de protección a sus propios intereses comerciales. La crítica más repetida apunta a la cobardía institucional. Sheeran no negó el sufrimiento palestino, pero tampoco nombró a Gaza con la claridad que exigían Macklemore, Finneas o Rowe. Evitó tomar partido público y atribuyó la salida del rapero a un tercero, el promotor, algo que muchos interpretaron como un modo de lavarse las manos cuando él es la cara y el poder real de la gira.
El contexto de poder también pesó en la conversación pública. Robert Kraft no es un dueño de estadio cualquiera: es un multimillonario capaz de mover la decisión de otros recintos. Una parte de la audiencia cree que Sheeran eligió no confrontar esa presión para no arriesgar fechas millonarias. Otra parte defiende que el cantante protegió a un público mixto, incluidas familias judías, de un set que algunos vieron como adoctrinamiento dentro de un concierto pop.
El resultado es una funa con consecuencias muy concretas: una gira descabezada, amistades tensadas públicamente y un artista que construyó su carrera sobre la evasión política, ahora obligado a justificar por qué no toma postura. Sheeran insiste en que no gritar no significa no importarle. Gran parte de internet responde que, esta vez, el silencio también cuenta como una decisión.
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